Esta no es una receta para superar rupturas amorosas, ni para lograr la figura deseada, ni siquiera para hacerte rico en el próximo año. Se trata simplemente de una receta de cocina. Algo propio de las fechas navideñas ¿no creen?

No me gusta cocinar, quizá porque tampoco me gusta comer.  Es probable que esto les resulte extraño si pelean por controlar su apetito, o si la gastronomía forma parte de uno de los placeres de los que disfrutan. Pero, así es. De esta forma meterme en la cocina y elaborar alguna receta requiere de mí concentración y máxima dedicación.

Hoy era el día para estar metida entre fogones, para recuperar alguna receta de cocina. El año pasado se lo prometí a mi hijo, tendríamos un menú especial, una mesa decorada y compartiríamos en familia. Lo que no podía imaginar es que el abuelo faltaría a la cita.

Una promesa es una promesa, y ésta había que cumplirla.

Mis últimos años de dieta vegetariana también han contribuido a alejarme de las recetas tradicionales; probablemente también me han separado de lo que mis acompañantes disfrutan, siempre buscando un equilibrio entre hacer mis propias elecciones y compartir mesa y mantel con familia o amigos. A pesar de mi opción vegetariana (o mejor, flexivegetariana) nunca me ha importado cocinar carne o pescado; esta era una de esas ocasiones.

Hace algunos años el cordero a la sepulvedana formaba parte de mi recetario; mejor dicho, de las recetas del libro 1080 recetas de cocina, de Simone Ortega que me servía de manual culinario (antes de la era internet). Este libro llegó a mi vida cuando me independicé. En ese momento me di cuenta de que mi madre, en su afán de que yo estudiara, no me enseñó a cocinar. A sus 90 años sigue haciéndose cargo de los guisos, la cocina es territorio suyo. Sólo mi hermano la sustituye cuando hay reuniones familiares. Hoy mi madre me ha cedido el terreno, he tomado mi libro de recetas y he cumplido mi promesa.

Una velita recuerda al ausente

Creo que yo optaré por un caldito que reconforte mi tristeza y una ensalada que de color al día.

Ojalá en todas las mesas haya cariño, amor verdadero, es la mejor receta para todo.

¡Feliz Navidad!

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