Para pasear nuestra amistad por la Selva Negra lo primero era recoger el coche de alquiler. Madrugar es natural en nosotras, asi que llegamos temprano al aeropuerto. Gracias al perfecto alemán de Martina las gestiones para recoger el vehículo fueron rápidas.
No tanto fue sacar el coche del aparcamiento, el modelo era de conducción automática y había que entenderlo bien antes de lanzarse a la autovía.
Con Martina no sólo tengo la suerte de que sabe idiomas, además maneja el gps y el maps mejor que yo. Y si me equivoco en las indicaciones, no se enfada. Eso es llevarse bien, y gozar de una buena compañera de viajes.
La Selva Negra ofrece muchos atractivos, y sitios turísticos en el sentido de muy conocidos, aunque estos primeros dias hemos optado por disfrutar de la naturaleza.
Tras un paseo, helado incluído, junto al lago Titise, nos dirigimos a nuestro alojamiento, una preciosa casa, con imagen de postal y entorno de ensueño. Descubrimos el pueblo cercano e hicimos la compra para el picnic del dia siguiente. También elegimos una botella de vino de la zona que disfrutamos en la terraza del alojamiento con un colorido atardecer.


Un desayuno en la terraza, con vistas a la naturaleza, fue el comienzo de la jornada dedicada a la ruta hasta alcanzar el lago Feldsee, desde el que se podía divisar la cumbre del Feldberg con restos de nieve. Encontramos a mucha gente que como nosotras disfrutaba del lugar. Aún llevo una niña divertida dentro, así q me monté en una atracción infantil que estaba en el área de descanso donde consideramos que el mejor refresco era uns cerveza. Junto al lago, tras el picnic, atraida por el ruido de las cascadas me adentré en el bosque y subí hasta donde consideré prudente, siempre siguiendo el curso del agua.

La siguiente parada fue para disfrutar de las vistas del Belchen que es la cumbre que da nombre a esta zona. Un breve paseo y cena temprana, a una hora impensable si estuviera en mi ciudad.
Las cartas de los restaurantes son otro misterio si no sabes alemán y si, además, como yo, no te has leido ninguna guía de viaje. Pero mi amiga me explicó todo y probé algo típico de aquí,  yo les llamé gusanitos de patata, por su forma. Su nombre es Käsespäztle.
En la puerta del restaurantes había un buzón, pero aún no tengo postales, he de comprarlas.


Y asi ha terminado la jornada. Reconozco que la amistad se alimenta con estos tiempos compartidos, nuestras conversaciones, la paciencia que mi amiga me tiene cuando me equivoco una y otra vez con las direcciones. Dicen que quien tiene una amiga, tiene un tesoro, yo lo tengo y pasear nuestra amistad por la Selva Negra es todo un regalo

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