Seguramente en las Navidades pasadas vosotros, queridos lectores, habr?is recibido alg?n regalo. Se podr?a comentar mucho sobre la costumbre o compromiso social de regalar, el precio o presupuesto que dedicamos a regalos, si son del gusto del que los ofrece o del que los recibe, o si son regalos con un mensaje escondido; sin embargo, quiero centrarme en esos regalos que consisten en libros.

Yo regalo libros muchas veces, la mayor?a de ellos son aquellos libros que yo misma he le?do y disfrutado; como me gustaron tanto, los ofrezco, como si regalara momentos de felicidad asegurada, o aprendizaje garantizado.? En ese acto me desprendo de la idea de que el efecto que el libro tuvo en m? puede no ser el mismo en quien reciba el regalo. Es m?s, puede que ni lo lea, ni le guste, ni sea su tema preferido. Yo se lo ofrezco con toda la ilusi?n de quien comparte algo muy querido con la esperanza de que la otra persona experimente algo de esa vivencia.

Me agradan los libros y me encanta leer; porque despierta mi imaginaci?n, me involucra en historias fant?sticas y emocionantes, o porque me permite aprender. Sin embargo, ya s? que no todo el mundo los aprecia, y ah? est?n los datos: el gasto medio anual por espa?ol en libros est? muy lejos del gasto medio anual en loter?as y juegos de azar. Y eso, aun cuando los expertos indican que es m?s probable que te conviertas en millonario y rico si aprendes algo y lo aplicas, que si conf?as en que te toque la loter?a.

Los aprecien o no, les gusten o no, los lean o los dejen languidecer en las estanter?as, estas Navidades yo eleg? regalar libros. Tambi?n recib? libros: de relatos, de poes?a y de desarrollo personal. Los libros son un buen regalo, en cualquier momento, de cualquier materia, y para todo tipo de receptor.

En vuestro caso, queridos lectores, ?regal?is libros? ?hab?is recibido alg?n libro como regalo? ?os gust? el libro o pas? a coger polvo en la estanter?a?