Estaba de pie, en la cola, esperando pagar unas compras y por la megafonía recordaron que era el día del padre. Me acordé de mi padre.

Nunca hemos sido en mi casa de hacer muchos regalos, ni siquiera en los días señalados; y echando la vista atrás, nunca le he regalado nada a mi padre por el día del padre. Es una buena excusa decir que es un invento comercial, pero eso no quita cuánto le valoro.

Mi padre es agricultor, nacido en el 33 recuerda los años duros de la postguerra; me cuenta las historias de su abuelo, un hombre ¡muy recto! que tenía mano dura y que perdió la cabeza en los últimos años de su vida; me cuenta cómo empezó trabajando el campo con una mula, y cómo poco a poco pudo independizarse e incluso comprar un tractor.

Y no necesita contarme, porque eso ya lo viví yo, cómo afrontó un cáncer de laringe; cómo aprendió a hablar de nuevo después de dos operaciones; cómo se reinventó porque su actividad en el campo tuvo que disminuir.

Mi padre, con su ejemplo más que con sus palabras (no habla mucho por su situación y porque mucha gente no le entiende bien) me ha transmitido valores. A pesar de vivir en un pueblo pequeño, tiene una mente abierta y es muy tolerante; es coherente con sus ideas; es claro y directo, sin dobleces, no le importa la opinión de los demás; ha sido valiente y fuerte cuando tuvo que afrontar su enfermedad y todos los cambios que vinieron; y siempre me ha apoyado, fueran cuales fueran mis decisiones, con respeto. Me ha enseñado a ser feliz con lo que tengo, y siempre ha dicho que los envidiosos ya tienen su propia penitencia.

Hay muchos más calificativos que podría ponerle, y no sé si se me ocurre alguna crítica. Y si es verdad que olvidamos con facilidad lo que nos dicen y recordamos cómo nos hacen sentir, siempre me siento bien a su lado y adoro esos abrazos rompehuesos que me da.

¿Cómo es o fue vuestro padre? Haced una lista de los valores que os transmitió y honrarle, el regalo es lo menos importante.

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