Una parte de las vacaciones las paso en el pueblo, con mis padres. En mi familia no hay nadie que siga una dieta vegetariana a parte de mí; es más, se hizo matanza durante muchos años y mi madre retorcía el pescuezo a las gallinas cuando llegaba el momento. Pero hay muchos platos que son simplemente de verduras aprovechando los productos de la huerta que cultiva mi padre.

En verano, uno de esos platos típicos es la sopa de tomate, normalmente acompañada de higos. Este año las higueras nos están obsequiando con unos frutos maravillosos, así que utilizamos todos los productos de proximidad y disfrutamos una comida sencilla, barata y sabrosa.

Mi madre pone el aceite en la sartén, añade cebolla, pimiento verde y rojo y lo sofríe. Luego echa abundante tomate maduro picado y deja que se fría hasta que ella considera que está en su punto; añade pimentón dulce y lo remueve, seguidamente, agua y un majado de ajo y comino, una hoja de laurel, albahaca y sal al gusto. Lo deja cocer, el tiempo que a ella le parece, no sigue una receta exacta.

Mientras disfrutamos el aroma que desprende el caldo, mi padre rebana las sopas, aunque se queja mucho de que el pan no es como el de antes. Sólo queda calar las sopas (echar el calado caliente realizado antes), escoger los higos y comer.

Todos son productos de los que disponemos en casa; hay un laurel, abundante albahaca plantada en un arriate, y el resto de los ingredientes provienen de la huerta de mi padre.

Quizás en otras casas la receta de la sopa de tomate tenga variantes o toques personales, en la mía siempre se ha hecho así. Cada verano, aunque haga un día de calor terrible como hoy, comemos sopa de tomate acompañada de higos.

¿Hay algún plato típico de vuestros días de verano? Me encantará conocer vuestras experiencias y las recetas si las tenéis, escribe un comentario.

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