Mi encuentro con Luis Landero se remonta a los años en que un profesor de mi departamento, cercano a su jubilación, me sugirió que leyera Juegos de la edad tardía. No puedo hacer una reseña de esta obra, confieso que me acuerdo de muy poco. De los libros leídos, mi memoria sólo guarda vagas impresiones. En este caso, quizás por la cercanía a mi procedencia rural, a penas recuerdo la descripción de una escena en una plaza de pueblo en la que los hombres, sentados en un banco, observan la vida de los paisanos. Idéntico a la esquina de mi pueblo.

Esta lectura me puso en su pista, aunque no he disfrutado de toda su obra publicada. Volví al encuentro con Luis Landero hace un par de años cuando deambulaba por una preciosa librería en Gerona. Mi amiga Martina rebuscaba con orden; yo, en mi deambular, me topé con Lluvia Fina y lo adquirí. Terminé su lectura antes de finalizar mi periplo por Cataluña, ruta que fui documentando en este portal desde el punto de vista de una vegetariana (👇👇👇).

Las tramas, o los detalles de ambos libros han dejado una leve impronta en mi memoria. Sin embargo, la experiencia de lectura ha sido grata, de disfrute. Yo lo comparo a la observación de belleza, por cómo usa la palabra, compone la frase, enriquece con vocabulario y alcanza el ritmo perfecto. Esto es sólo mi experiencia de lectora, ya hay personas con prestigio que hacen mejores y más elaboradas reseñas, y conceden premio a sus publicaciones.

Uno de esos premios me permitió escucharle; así, en este encuentro, su declamación me cautivó igual que su prosa. Volví a encontrar a Luis Landero en otros discursos y entrevistas (👇, 👇 ). Ayer el encuentro fue real, en persona, en la inauguración de la feria del libro de Sevilla. Con mucho cariño y ternura firmó mi ejemplar de Lluvia Fina, mientras escuchaba mis comentarios.

Habló en su intervención de temas nuevos y otros ya repetidos, algunas de sus frases las ha resaltado la prensa local o los asistentes en sus redes. De mi encuentro personal quiero destacar el comentario que hizo sobre su labor como docente, quizás porque es una profesión que comparto. Indicó que si había dejado algo a sus alumnos era “el amor por las palabras, pero por contagio, no por enseñanza”. No sé lo que contagiaré a mis estudiantes, aunque inspirada por Luis Landero les digo que “hagan las cosas con jeito”, esa expresión que él explica y desarrolla (👇). Hacer las cosas bien, con gracia, con gentileza, con cuidado y esmero, simplemente por el gusto de hacer las cosas bien, por la satisfacción de poner lo mejor de uno mismo en lo mínimo que se haga.

Y ustedes, ¿hacen las cosas con jeito?

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