La remolacha fresca no es un producto fácil de encontrar en los lineales de nuestros supermercados. Sin embargo, es el ingrediente esencial de la sopa borsch y, según los libros que aconsejan sobre alimentación, uno de los imprescindibles para una nutrición equilibrada.

Ahora que leo sobre microbiota y distintas propuestas en alimentación, me empiezo a plantear y cuestionar mi estilo vegetariano. Para ser honestos, siempre he sido flexible, lo que ahora se etiqueta como flexitariano 👇; no se asusten, es una palabra aceptada. En realidad no estoy haciendo un cambio drástico, sigo prefiriendo verduras.

La remolacha entra en cualquier de mis opciones dietéticas, y la considero una verdura exquisita a pesar de su poco predicamento en nuestras cocinas. Es un cultivo de invierno que, como he mencionado, se encuentra con más frecuencia ya cocida en las estanterías de los supermercados. En este caso, lista para aliñarla que es la presentación más frecuente y conocida por aquí.

Sin embargo, a mí la remolacha me gusta cruda; de esta forma puedo cocinar la rica sopa borsch que incorporé a mi recetario tras mi estancia en Brest (Bielorusia). (Podéis leer la receta y otras experiencias culinarias de aquella época en este enlace 👇 ).

Hace poco, una muy querida amiga mía me obsequió con un manojo de remolachas que su padre cultiva en un huerto urbano de la ciudad; según la estación me mima con diferentes verduras que yo recibo con agradecimiento. Yo creo que los hortelanos suelen ser gente generosa y comparte los excedentes de su cosecha; mi madre ha repartido muchas cestas de tomates, de pimientos, de calabacines y berenjenas cuando mi padre aún trabajaba la huerta.

Gracias a la generosidad de mi amiga y sus padres, hace unos días cociné con la remolacha una rica sopa borsch, ahora espero que de verdad la temperatura se ajuste al calendario y entren aún más ganas de seguir cocinando sopas.

¿La remolacha forma parte de vuestros alimentos? ¿cómo la cocináis?

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