En la Selva Negra había predicción de lluvia y tormenta. Después de dias de sol y buena temperaatura nos sorprendió amanecer con nubes. Sin embargo, todo se tiñó de matices diferentes; de forma que los algodones de niebla entretejidos en el bosque daban al entorno un aire de escenario de cuentos.
Iniciamos nuestra ruta con el propósito de parar en alguno de los pueblos conocidos por su producción de relojes de cuco. Aunque primero se encontraba Triberg, uno de esos lugares que aparecen en todas las guías, al contrario que los de la jornada anterior que no son nombrados.

La principal atracción de Triberg es una cascada, cuya visita requiere un pago previo de 8 euros. ¡Puaf! Perdonenme pero el año pasado, año de sequia, en el norte de Cáceres pude ver alguna cascada espectacular, y sin pagar. Aquello fue otra ruta en coche con otra amiga auténtica. La cascada del Caozo, espero que siga siendo gratis, como otros tantos lugares en la naturaleza.
Más allá de la polémica que podríamos abrir sobre este tema, lo que está claro es que para nosotras lo importante es pasear nuestra amistad por la Selva Negra y no visitar lo que digan las guias de viaje. Elegimos la calzada panorámica para continuar, paramos en un museo al aire libre, 12 euros la entrada, continuamos. Antes nos hicimos una foto con un coche decorado con el sombrero típico de aquí, convertido en símbolo y con mil versiones en objetos para el recuerdo.

Gutach hubiese sido la siguiente parada si el copiloto, es decir yo, hubiera estado más atenta. Sin problema, continuamos, una tarta Selva Negra nos esperaba en el siguiente pueblo, Schiltach. Una localidad muy bonita aunque yo no sé dónde está la gente, me refiero a los habitantes, no se les ve.


Pedí una porción de tarta, auque era la hora de la cerveza en España. Esas cosas que se hacen al viajar, menos mal que en esto nos entendemos bien las dos. Sobresosis de azúcar para mi, a un precio que me pareció honesto 4,5 euros; comparativamente fue más caro el té 3,8 euros.


La ruta trancurrió al lado del rio Kinzig, un valle espectacular bajo ese sol que aparecía tras la lluvia que descargó una nube negra y pasajera.
Última parada, Gegenbach. Las guías dirán que es un pueblecito como de cuentos de hadas o en el que se inspiró Charlie y la fábrica de chocolate. A nosotras nos gustó pasear por sus calles cuando aún lucía el sol y más tarde al anochecer, hasta que un viento helado y la lluvia nos mandaron de regreso al hotel.

Hoy, hemos charlado mucho, y nos hemos reído, como hacen las amistades verdaderas.

 

(Además de manejar con dificultad el googlemaps, las fotos no son lo mío. Las imagenes que vean que son bonitas seguro que las hizo Martina y me las cedió generosamente)

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