• Antes de disfrutar de nuestra amistad por la Selva Negra quizás hubiera sido apropiado documentarme y saber qué visitar. Sin embargo, los acontecimientos durante los pasados meses me llevaron a delegar totalmente en mi compañera de aventuras, sabedora de las cualidades que tiene para este menester.

  • Ha sido por eso que he descubierto que la Selva Negra del sur es reserva de la biosfera justo al mirar un cartel informativo en St Blazien.
    No teníamos un plan cerrado, asi que tomando como objetivo disfrutar de los baños termales de Menzenschwand, localidad en la que también hay un museo.
  • Elegimos una ruta pintoresca para el recorrido, nada de prisas, solo adentrarse en el bosque por carreteras estrechas y sinuosas.
    Accedimos al valle del Wera, afluente del Rhin, por una «puerta» donde se señalizaba el Westgeg, una gran ruta que recorre toda la Selva Negra. Esto es un paraiso para los senderistas.

  • Toodtmoos fue la primera parada, visitamos su iglesia, con mucha actividad por ser domingo y centro de peregrinación. El dia es especial para mí, así que encendí una vela en recuerdo y en celebración por mi padre. Martina me consoló cuando el llanto afloró.
    Seguimos la ruta y paramos en otra iglesia, una impresionante por su tamaño y estilo diferente que se situa en St Blazien. Una localidad que parecia tranquila y coqueta en la que un señor con ganas de charlar nos abordó en el aparcamiento. Yo no me enteré de nada de la conversación, pero estaba claro que se trataba de un hombre de negocios. Su esposa esperaba pacientemente a que teminara de contar cosas y de hablar de su empresa. Finalmente nos regaló un tapón para los espumosos que según él era su propia invención. Lo probaremos.
  • Momento del picnic, ya en Menzenschwand buscamos una sombrita y charlamos mientras era la hora en la que abren «le pettit salon», nombre del museo. El pueblo es bonito, a mi me llama la atención que las casas son muy grandes, separadas unas de otras, pero ¿dónde están los alemanes? No se les ve, no se les oye. Pensaba en el ruido y la algarabía de nuestros pueblos, la gente en las calles y en las terrazas. ¡Qué diferente!
    El museo es poco pretencioso y en realidad no tiene obras originales, homenagea a los hermanos Whinterhalter. No crean que yo sabía quienes eran; ahora sí, es la fortuna de viajar con esta magnífica compañera de aventuras. Retratista de la realeza y la aristocracia seguro que han visto alguna obra suya en otras pinacotecas o en algún libro de texto. Realizó retratos privados que reflejan una vertiente más intimista de esos personajes. Son conocidos los retratos de Sisí, y de Eugenia de Montijo, entre otros. Ahí tienen a Sisi por encima del sillón en el q me siento.


  • Después del momento cultural, un bañito en agua calentita rodeada de bosque es todo un lujo, a pesar de que digan en las webs de consejo a los viajeros que es un sitio simple. Perfecto para nosotras, ya llegaremos a los lugares turisticos y masificados.
    De vuelta, una parada a comer algo, esta vez elegumos una crema de espárragos de temporada. Al salir del restaurante me di cuenta de que tenia menciones en guías reconocidas lo que me hizo acordarme de alguna amiga a la que le encanta degustar la comida y probar estos lugares.
    Asi hemos vivido nuestra amistad por la Selva Negra otra jornada más.

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