Las bicicletas son…¿para el verano?

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Es muy probable que los lectores de la versión en inglés de este blog no relacionen el título de esta entrada con la película española; puede que ni la conozcan. Pero no os preocupéis, no es mi intención hablar de películas, ni  tampoco sobre el éxito veraniego, que también podría venir a la mente (La bicicleta de Shakira y Carlos Vives ha alcanzado el primer puesto en iTunes en 16 países), y ni siquiera de bicicletas.

Cuando era niña me gustaba mucho montar en una que aún conservo en casa de mis padres. Dejé de usarla durante unos años, pero, en un intento de compartir una actividad en familia, compramos una bicicleta para cada uno, y esa es la razón de que ahora posea otra bici; esta es azul, y la otra era roja.

Al igual que el arpa que menciona Bécquer en su poema, la bici ha estado años silenciosa y cubierta de polvo en algún rincón; y, aunque en los últimos tres años he intentado que formase parte de mi rutina, siempre encontraba una poderosa excusa para no hacerlo. Podía ser el tiempo, o que iba a pasar por el supermercado, o, reconozcámoslo, simplemente mi pereza. Fue al principio de este curso (ya saben que nosotros los profesores organizamos la vida en función de los cursos), cuando tomé la determinación de incorporarla a mi estilo de vida.

Si se trata de salir de la zona de confort, ya veo que me estoy convirtiendo en una experta, y a las experiencias anteriores, añado esta. Durante la semana he estado yendo al trabajo en bicicleta, lo que me ha permitido tener nuevas sensaciones.

Como os anticipaba al inicio, esta entrada no es sobre películas, ni sobre canciones del verano, ni sobre bicicletas, sino sobre el cambio en los hábitos. Pregunté a mi alumnado cuántos días eran necesarios para un cambio de costumbres, y me contestaron que 21 días. Lo saben gracias a un anuncio de televisión, y, de acuerdo con los libros de autoayuda, es así. De forma que, en vez de difundir mi orgullo por lo conseguido, creo que mejor esperaré los 21 días para comprobar que se ha incorporado a mi rutina.

Y vosotros, queridos lectores, ¿habéis experimentado alguna vez un cambio consciente de hábitos?

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