La hoja de laurel

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Cuando viajo no suelo visitar restaurantes, si tengo manzanas es suficiente. Tenemos el estereotipo de que la cocina inglesa no es muy buena, pero estoy segura de que si hubiera visitado Inglaterra con mi hermano, habría degustado algún plato local. Aparte del famoso “fish and chips” tienen otros platos, incluso podría haber aprendido a cocinar alguno durante mi estancia.

Entono el mea culpa para decir que ni siquiera intenté aprender cómo se cocina el “Yorkshire pudding” y, por el contrario, lo que hice fue esforzarme por cocinar mis propias recetas. ¿Saben qué fue lo que más difícil me resultó encontrar? Laurel, no pude encontrarlo en las tiendas locales. Eso me recordó que durante mi estancia en Brest tampoco pude encontrar un mortero, utensilio este y especia aquella, muy comunes en mi forma de cocinar.

Cierto, cuando viajamos nos damos cuenta cuán diferentes pueden ser nuestros hábitos, incluso en relación a la cocina. Sin embargo yo prefiero centrarme en lo que nos une, y esta vez, también igual que en mi experiencia en Brest, lo mejor han sido las personas con las que me he cruzado.

Todas esas personas no aparecen en las guías de viajes, pero hicieron mi experiencia más interesante y agradable. Es el momento de darles las gracias. A Ángela por acogerme en su casa, por su paciencia para mejorar mi nivel de Inglés, y  cuyo sentido del humor que junto a su pasión por la vida me permitieron pasar unos días maravillosos.

Gracias a Linda, que aceptó pasar tiempo conmigo para hablar en inglés después de que nos habíamos encontrado dos veces por casualidad en el autobús.

Gracias a la señora que me explicó la exposición sobre la vida de los mineros mientras visitaba el casitillo de Bishop Auckland, y que, por casualidad, volví a encontrármela al día siguiente en Durham.

Gracias a Nataly y su familia, a Andrew y a James, a los que encontré camino de Kynren.

Muchas gracias a la propietaria de una tienda en Whitby que me regaló el libro de “Anlicia en el país de las maravilas”, libro que por otra parte, era el que yo quería leer este verano (¿Casualidad?)

Gracias a Helen y su hermana con las que pasé un rato agradable en la playa, y María por la amistad que acaba de comenzar.

En resumen, no pude encontrar laurel, pero encontré a gente maravillosa, ángeles en el camino.

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