Escribir

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Mis queridos lectores, el lunes falté a mi cita habitual. En esta ocasión no fue por mi costumbre de aparecer o desaparecer; sino simplemente porque no encontré inspiración. La busqué; es más, indagué en su significado y su etimología. Entonces descubrí que se refiere a la «necesaria iluminación del espíritu previa a cualquier creación humana». Averigüé más: que mis musas no estaban y que, a pesar de estar trabajando, como recomendaba Picasso, no llegaban.

Mi trabajo, entonces, consistió en leer y escuchar recomendaciones para encontrar la inspiración: manuales para realizar una buena redacción; recetas y consejos sobre cómo escribir; e incluso entre los TED TALKS encontré presentaciones sobre cómo vencer el miedo a escribir. Todo resultó inútil y falté a mi cita.

Pero no me rendí ante las preguntas que suelen aparecer en estos casos, y que vosotros ya imaginaréis: ¿Para qué seguir? ¿Por qué escribir? ¿Qué sentido tiene mantener el blog? ¿Para qué el esfuerzo? ¿Por qué no dejarlo ya? El ego ávido de reconocimiento busca respuestas que nadie da. Pero, en mi rebeldía, lejos de darme por vencida, volví a sentarme en busca de inspiración.

Si «escribir es hablar con uno mismo», tal y como figura en una de las notas que fui tomando, no creo que se me acabe la imaginación, al menos por ahora. Pero la búsqueda dio aún más frutos. En este proceso de documentación, llegué a la explicación de qué es un microrrelato así como a algunos ejemplos de este género. Encontré un texto que otra persona había escrito y que encajaba con una imagen que yo había elegido hace tiempo para utilizar en una futura publicación. Y eso es lo que quiero compartir hoy con vosotros, queridos lectores. Una breve historia llena de lecturas, de la que ya estoy deseando conocer lo que os ha sugerido.

Espero que disfrutéis el texto y de la imagen, y compartáis a través de los comentarios vuestras impresiones. ¡Muchas gracias y hasta la semana que viene!

Un sueño, de Jorge Luis Borges

En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de madera y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mí escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular… El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.

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