Compañeras de viaje

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Hoy disfrutamos de otra colaboración, Martina aceptó el reto. En su texto podéis ver lo bien que se expresa en Español, idioma que aprendió en tiempo récord después de conocerme y para acercarse mejor a las historias de sus queridas reinas españolas del medievo. Ha elegido un formato similar al que yo sigo, y termina su composición con una pregunta que me gustaría responder pero que incluiría a tanta gente que seguro se me olvidaría a alguien. Así que, Martina, tú eres una de las valientes que me acompaña, si no, no hubieras aceptado este reto y otros muchos que nos ponemos. Gracias.

Toda mi vida estuve rodeada por mujeres valientes.

A algunas de ellas las conocí leyendo. Cuando era niña los libros eran mis cómplices inseparables y siguen siéndolos hoy en día – quien me conoce sabe muy bien que mi maleta siempre está llena de volúmenes pesados, y poco importa si la ropa no cabe después de haber pasado por alguna librería – es el cuento de nunca acabar, diría mi mejor amiga. Pasé mucho tiempo familiarizándome con protagonistas de novelas – la tentadora Fulvia, de la que el partisano Milton, solitario y malcarado, se enamora perdidamente, mientras que ella prefiere al mejor amigo de éste, un galán rubio y sofisticado, condenando a  Milton a un trágico destino durante la segunda guerra mundial; la vivaz Anne Shirley, la huérfana de la granja de Tejas Verdes, con sus pecas y sus largas trenzas pelirrojas; Madicken, la valiente y creativa niña sueca que en la traducción italiana de la novela se llama Martina como yo, y que vive en un paraíso rural lleno de aventuras. No sé por qué elegí a estas tres; quizás sea porque aún conservo con cariño en mis estantes los libros en los que ellas siguen vivas – Una questione privata de Beppe Fenoglio, Anne of Green Gables de Lucy Montgomery, Madicken de Astrid Lindgren. Fueron las compañeras de viaje de mi niñez y para mí eran tan reales que hablaba con ellas: éramos uña y carne.

A otras mujeres valientes las conocí personalmente, dado que nuestras rutas se cruzaron en la vida real. Mi madre, dulce, indispensable y obstinada; mi tía Alba, que, constante como el amanecer, me acompaña cada día; Sonja, mi mejor amiga, con su pelo azul y su fobia a las tareas del hogar; y muchas otras. Cada una de nosotras encontró en la otra una compañera de viaje, sea para toda la vida o para un trecho de camino; pero viajar juntas, entre mujeres valientes, no siempre es fácil. Tal vez es simplemente imposible viajar juntas, precisamente porque somos tan fuertes y persistentes, y tenemos en nuestra cabeza metas que no siempre coinciden. Por eso, tal vez debemos elegir a otra compañera di viaje, y seguir adelante, sin olvidar a las otras.

Cuando conocí a Gloria, hace cinco años, no tuve ninguna duda de que ella iba a ser una de esas mujeres valientes destinadas a compartir etapas del camino conmigo. Lo que no sabía era que su amistad, su cariño y su asombrosa fuerza me acompañarían no sólo por un trecho de vida, como las memorables semanas en Irlanda donde nos conocimos, sino durante años, hasta el presente. Además, en Gloria encontré una compañera de aventuras excepcional: como dicen los ingleses, she always has your back – no importas si estás en las profundas gargantas y los cañones del Wadi Mujib, donde fluye un río jordano que termina en la orilla oriental del mar Muerto, o si estás explorando la agreste y escabrosa región de Connemara. Y esto es lo más importante, una amiga que me apoya y siempre está pendientes de mí, ya sea en la vida o durante los viajes al otro lado del mundo.

¿Quiénes son vuestros valientes compañeros de viaje, ficticios y/o reales?

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